Uno de los mayores errores del marketing consiste en parecerse demasiado a la competencia. Cuando todas las empresas dicen ofrecer calidad, buen servicio y excelentes precios, ninguna logra diferenciarse.
Tu propuesta de valor debe responder claramente por qué un cliente debería elegirte a ti y no a cualquier otra opción disponible.
La diferenciación puede construirse desde distintos aspectos: innovación, especialización, rapidez, experiencia del cliente, sostenibilidad, atención personalizada o conocimiento técnico.
No necesitas ser el mejor en todo. Necesitas ser extraordinariamente relevante en aquello que realmente importa para tu público objetivo.
Cuando una marca encuentra esa diferencia significativa, deja de competir únicamente por precio y comienza a competir por valor.
Si te gustó, comparte ♥


No hay comentarios:
Publicar un comentario